"Los que quedamos no nos vamos a ir"

 Fotografía de Marianella Triunfetti | Colectivo La Palta

Fotografía de Marianella Triunfetti | Colectivo La Palta

Eran las cinco de la tarde. Partimos con las indicaciones que había dado Don Alfredo.

“De los toboganes acuáticos de la Rinconada, pasás unos metros, vas a ver un camino de tierra que va para el lado del cerro. Entrá. Hacé unos 700 metros. Vas a ver un portón grande que tapa un camino vecinal. Ahí estamos. Las casitas chicas son las nuestras".

Y no fue difícil encontrarlos. En medio de un ostentoso proyecto de country, una hilera de seis casitas se sucedían en medio de aquel predio que alguna vez perteneció al Ingenio San Pablo y, antes, a unos franceses apellidados De Chazal, nombre con el que se conoce a esta colonia.

Llegamos antes de lo acordado. Don Alfredo no estaba en su casa todavía.

Bastó recorrer un poco con la mirada para advertir el panorama. Doce familias cercadas y literalmente encerradas por gente que no los quiere cerca. Gente que se “refugia” detrás de grandes alambrados para defenderse de los pobres, que vendrían a ser los peligrosos.

Don Alfredo llegó. Abrió la puerta del acompañante de un auto. Bajó unas muletas que lo ayudaron a levantarse y salió. Vengo del abogado, informó.

Es un hombre alto, entrado en años, con la piel bien curtida. Perdió una pierna trabajando para el Ingenio, hace muchos años ya. Vive desde siempre en la Colonia De Chazal. Ahí nació, ahí se crió y ahí va a morir, afirma con certeza.

No recuerda con detalle, pero calcula que su familia llegó a la Colonia allá por los años 50, a trabajar primero para los franceses, después para el Ingenio. Más de 60 años habitando estas tierras sobre las cuales ya tienen derechos adquiridos por la cantidad de años que transcurrieron.

Hace un tiempo, según contó don Alfredo, el grupo Lucci (gran productor citrícola tucumano) adquirió esos terrenos cuando el ingenio quebró. Al principio pusieron caña de azúcar, luego plantas de limones, pero el negocio inmobiliario resultó ser más propicio.  Así comenzó este enorme emprendimiento que incluye desalojar a las familias que habitan ahí.

Pues la cuestión es bastante sencilla. Ni el grupo Lucci ni quienes van a vivir en el country quieren que estas familias estén en el predio. Las razones pueden adivinarse. En pos de sacarlos de ahí es que trataron de establecer una serie de acuerdos que nunca se cumplieron (como comprarles el terreno por un precio más bajo de lo que realmente cuestan). Cuando el grupo empresario comprendió que no sería tarea sencilla quedarse con esas tierras, fue cuando empezó el hostigamiento a los vecinos. Según contó don Alfredo envenenaron lagunas en las que tomaban agua los animales, mataron un perro tirándole comida envenenada y, como medida clave, pusieron un portón que cierra el camino vecinal con lo que la gente quedaba encerrada, sin poder salir o entrar cuando éste era cerrado con llave.

El recurso de amparo para sacar el portón está en curso, como así también el proceso judicial para que se los reconozca como dueños de esas tierras, lo que no será muy difícil ya que hay documentación que da cuenta de los años que hace que las doce familias viven ahí. Además, lo único con lo que se cuenta es con simples planos de mensura, es decir, que tanto el grupo Lucci como las familias están en la misma situación respecto a la documentación, porque nadie tiene escrituras de los terrenos, con la única diferencia que los vecinos de la Colonia De Chazal hace años que los habitan.

"La vamos a luchar hasta el último, de aquí no me van a sacar, los que quedamos no nos vamos a ir (...), no nos pueden cambiar la vida, nosotros estamos acostumbrados a vivir aquí ". Así resumía don Alfredo lo que sienten los vecinos de la Colonia que seguirán luchando por lo que les corresponde.

Marianella Triunfetti

mtriunfetti@colectivolapalta.com.ar