El compromiso de un corazón solidario

 Fotografía cortesía de Revolución de Sonrisas

Fotografía cortesía de Revolución de Sonrisas

Ellos saben cómo dar sentido a la vida. Son anónimos artistas, capaces de recorrer las calles, los hospitales, las cárceles, el pueblo y todos aquellos lugares donde haya un ser que los necesita. Ellos no esperan nada a cambio. Es el amor y la solidaridad lo que los impulsa por la vida, sembrando alegría, recogiendo amor y, a veces, tristeza.

El jueves 4 de octubre se celebró el Día Nacional del Voluntario, en homenaje a San Francisco de Asís. Una celebración importante para sumarse a la gran cantidad de proyectos voluntarios que se desarrollan a lo largo de la provincia, el país o el mundo. También para contar una historia de Emilia Herrera, voluntaria e impulsora de Fundación Revolución de Sonrisas.

Movida por su amor de madre, Emilia comenzó a trabajar de voluntaria en su propia casa. Cada día esperaba a los niños que vendían limones o pedían comida y ropa. El tiempo fue pasando y, sin darse cuenta, su corazón comenzó a crecer al igual que su familia. “Tenía la necesidad de hacer algo por ellos”, comenta Emilia, quien admite que hubiese llevado a vivir a su casa a todos los niños. “Pero esto era imposible dado que los chicos ya tenían una familia formada”, aclara. La situación provocó que Emilia y su esposo pensaran en la posibilidad de aumentar el grupo familiar, con la adopción de un niño.

Fue el deseo de ser madre nuevamente, lo que llevó a Emilia a golpear las puertas de la Casa Cuna y averiguar cuáles eran los papeles necesarios para la adopción. Aquella tarde en la institución le dijeron que ese tema era imposible tratarlo desde ahí y, durante la charla, escuchó por primera vez la palabra voluntariado.

Desde entonces, su pensamiento estuvo concentrado a una sola cosa: la llegada del día en el que podría ingresar al voluntariado de la Casa Cuna y compartir con los chicos. “Siempre tuve el miedo de pensar en que, como no soy maestra ni nada, ¿cómo podía ayudar? ¿qué iba a hacer? En ese momento era distinto el ingreso pero, como me dijeron aquella vez, lo importante es que a uno le guste. Por eso, cuando se suman nuevos voluntarios a `Revolución` les digo lo mismo. A lo largo del camino van descubriendo qué pueden hacer, qué les gusta hacer y cómo trabajar con los chicos”, explica Emilia, mientras recuerda, con carcajadas, su primera entrevista en la institución.

Jamás pensó en la posibilidad de sumarse a un voluntariado. Para ella ser voluntaria implicaba tener una preparación académica, un titulo. Pero gracias a su primera experiencia descubrió que eso es lo de menos, porque lo importante es estar comprometido con uno mismo y con los chicos.

Desde que Emilia comenzó a trabajar como voluntaria su vida y la de su familia cambiaron para siempre. Con el tiempo, un nuevo integrante se sumó a su hogar y, entre nuevos horarios y rutinas, todos se comprometieron a abrir su corazón para ayudar a los que necesitan compañía. “A veces pasan en la tele alguna mamá que pide algo y mi hijo Agustín me pregunta si desde la fundación podemos ayudarla. Tanto mis hijos como mi esposo realizan actividades, que no son solo de revolución, sino cosas apartes. Por eso mi familia no son cinco personas, sino todos los chicos con los que compartimos diariamente”, comenta orgullosa “Emi”.

Satisfacción y una caricia al alma. Así define Emilia a lo que le genera terminar una jornada en compañía de los niños. Y agrega que para ser voluntario hay que involucrarse con el alma, porque es la única manera de continuar colaborando.

Hoy es una buena oportunidad para trabajar interiormente y pensar ¿Quiero ser voluntario o voluntaria? La respuesta llegará mirando alrededor, viendo los problemas que hay, observando las iniciativas de acción solidaria que existen en el entorno. A recomendación de Emilia, es importante averiguar y buscar la mejor alternativa, adecuada a las expectativas. “Existen distintos voluntariados y creados para cada una de las personas, pero, sin duda, el hecho de colaborar y compartir con los abuelos o niños es exactamente igual. Gratificante y lleno de alegría”, finaliza.

Exequiel Reinoso

ereinoso@colectivolapalta.com.ar