Un proyecto estético al servicio de un compromiso político

 Fotografía cortesía de Fulvio Rivero

Fotografía cortesía de Fulvio Rivero

“Yo hago esto porque quiero que mis hijos estudien en las mismas condiciones que yo. Si yo me hago el boludo con esto, después no me voy a poder quejar de lo que le pase a mis hijos”. Esa fue la respuesta que Fulvio Rivero había dado en la década del 90 cuando, como estudiante, mantuvo junto a otros compañeros once facultades tomadas. En aquel momento la lucha iba en contra de la ley de Educación Superior que impulsaba el gobierno menemista. Hoy, su convicción de pensar en un presente y un futuro que incluya lo tiene luchando desde otro lugar.

La rebelión de las tizas es una muestra fotográfica que se presentó el viernes 1 de agosto en la Casa ADIUNT (Rioja 435). Una muestra que nació a partir del registro fotográfico en las diferentes marchas, actos y manifestaciones en el marco del plan de lucha que los docentes universitarios sostienen desde el mes de mayo. “Me interrogaba un poco cómo podía aportar a todo esto que está pasando y se me ocurrió hacer una muestra que vaya registrando distintos momentos y contribuir con la visibilidad del conflicto”, comenta Fulvio que además es docente universitario.

 Fotografía cortesía de Fulvio Rivero

Fotografía cortesía de Fulvio Rivero

Él sostiene que es un pequeño aporte a una lucha que, lejos de lo que muchos creen, es colectiva y solidaria. “Aquí hay que poner el hombro porque hay cosas que no le gustan a nadie”, dice al referirse a las consecuencias del paro que el gremio docente sostiene por casi dos meses. Sabe que las reivindicaciones van más allá de lo salarial. El problema presupuestario tiene consecuencias directas en el dictado de las materias, en los insumos que se necesitan para ese dictado. La reforma del Estatuto incluye cuestiones de orden ‘filosófico’, como pensar qué tipo de universidad se quiere y se construye; tener en cuenta la situación de los docentes de las escuelas preuniversitarias, que son, en el ámbito universitario, ‘ciudadanos de segunda’, y muchas otras cuestiones que han sido postergadas por años.

Fulvio Rivero reconoce que esta medida, la del paro por tiempo indeterminado, es una medida extrema. Extrema pero necesaria. Advierte que en esta oportunidad han confluido razones estructurales, históricas, otras que tienen que ver con lo coyuntural y también, por qué no, algo de fortuito. Quizá el detonante haya sido, según su criterio, la toma de los autoconvocados de la Facultad de Agronomía, a principio del mes de mayo. “Pero está claro que si no hubiera gente que está pensando lo mismo, ‘la estructura de sentimiento’ que se dice, nada se activa”, reflexiona Fulvio en su intento de explicar los factores que confluyeron para que esta medida se sostenga todo este tiempo.

Yo creo que está buenísimo que al docente universitario se le revivió la dignidad y reconocerse como sujeto de derecho.
— Fulvio Rivero

“Los docentes universitarios estamos acostumbrados a vivir con sueldos miserables”, dice y recuerda que no siempre la participación de los miembros de ADIUNT–Agremiación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán–fue tan masiva. “A veces no éramos la cantidad suficiente para sostener la bandera de ADIUNT”, dice con una sonrisa irónica. “Yo creo que está buenísimo que al docente universitario se le revivió la dignidad y reconocerse como sujeto de derecho”, agrega y rescata que una de las mayores ganancias, independientemente de cómo termine el conflicto, es que ningún docente va a volver a ser el mismo.

Cuando Fulvio dice que la cuestión estética está al servicio de lo político hace hincapié en que le interesa más contribuir  a las reivindicaciones que se está promoviendo desde el gremio que la finalidad estética de esta muestra. “La Rebelión de las Tizas” lleva ese nombre porque una de las cosas que más lo conmovió fue ver el compromiso, el despertarse de un largo adormecimiento, rebelarse de una vez por todas, a esos docentes que, como dijera antes, están acostumbrados a vivir con sueldos miserables.

Solidaridad y comprensión es lo que le pide, desde su lugar, a la sociedad que mira el conflicto con apatía o con repudio. Sabe que las consecuencias inmediatas no son agradables para nadie. “A mí me gustaría estar dando clases”, afirma, “pero creo que hay que mirar para allá”, y señala el futuro que involucra los derechos de todos. El derecho a la educación pública gratuita y de calidad para esta y las posteriores generaciones.