La organización como forma de resistencia

 Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

El modelo productivo imperante en Argentina consiste en obtener las mayores ganancias al menor costo posible. No importan el medio ambiente ni la vida de los pueblos. Este es el modelo de los agronegocios impuesto por sucesivos gobiernos democráticos que buscan generar divisas para pagar la deuda externa y sus intereses. En este modelo no hay lugar para los campesinos. Es más, está contra ellos, porque su forma de producir no tiene nada que ver con el paradigma de la mayor rentabilidad. El campesino, y su forma de concebir la tierra, es un obstáculo que hay que sortear, y cualquier herramienta es propicia para hacerlo.

En Santiago del Estero la situación es preocupante. Solo en la última semana el Movimiento Campesino (MOCASE) ha registrado dos órdenes de desalojo para familias que viven de la tierra. “Venimos denunciando enfáticamente la connivencia de los empresarios con el poder judicial que, además, tiene su brazo auxiliar que es la policía”, dijo Roger Almaraz, integrante del MOCASE. A pesar de que derechos posesorios amparan a las familias campesinas, el aparato judicial, escoltado por la policía, se sigue valiendo de todo tipo de chicanas para expulsar a las familias de sus tierras, sin sustento legal alguno.

En el paraje de Suncho Pampa, departamento Pellegrini, al noroeste de la provincia de Santiago, viven cinco familias, entre ellos don Héctor Corvalán y su esposa Rosa. En lo que va del año recibieron tres órdenes de desalojo. Las dos últimas, emitidas por la jueza civil de la tercera nominación Cecilia Paskevicius, fueron resistidas con el apoyo de las organizaciones campesinas. Don Héctor vivió toda su vida en el lugar. Antes que él, lo hicieron sus padres y sus abuelos. Desde el año 2012 son hostigados por un empresario cordobés. “Me dijo ‘¿Con qué querés que te saque? ¿Con la brigada, la infantería o la policía de la zona? (...) Los tengo a los jueces en el puño’, y hasta hoy lo único que hace es mandarme la policía, los matones. Desde ese momento se me acabó la tranquilidad”, contó Héctor.

La misma situación se repite en Puesto de Los Díaz, en el departamento de Guasayán. En el lugar viven doña Jova y su esposo Luis Ibáñez. Hace unos días personas desconocidas, acompañados de agentes de la policía, llegaron y les dijeron que debían firmar la orden de desalojo, de lo contrario irían presos. Ante la negativa de don Luis, los agentes que estaban en el lugar hicieron destrozos y se llevaron pertenencias de la familia. Afortunadamente, vecinos y familiares de doña Jova y don Luis fueron a socorrerlos y hoy pueden continuar en sus tierras, pero con la incertidumbre de no saber qué sucederá. El MOCASE, según comentó Roger Almaraz, también se encuentra apoyando y resistiendo junto a la familia Ibáñez.

“Para el campesino quitarle sus tierras es matarlo en vida. Hay una cuestión que nunca va a entender la justicia que es la idiosincrasia campesina e indígena. Nosotros tenemos una conexión armónica con el monte”, explicaba el referente del MOCASE. Esta conexión con la tierra se plasma en el modo de producir y subsitir que tiene el campesino. Maneras que dan cuentan del cuidado y protección del monte que es el que, en definitiva, les permite la vida otorgándole sus frutos.

Santiago del Estero se caracteriza por ser una provincia donde la organización social es grande. La misma surge, principalmente, para luchar por los derechos de la tenencia de las tierras de las familias campesinas, pero también se trabajan otros temas como las salud, la educación, las estrategias de producción, entre otras. Las organizaciones campesinas están adheridas al MOCASE y se dividen por zonas. Cada una de estas zonas tiene Mesas de Tierras que son espacios políticos donde los campesinos se reúnen a discutir todas estas problemáticas. “La característica principal de las organizaciones es la resistencia porque desde lo legal la mayoría de las veces hemos sido perjudicados”, explica Roger y dice que si bien el secreto es resistir, la otra pata de la lucha es desde lo jurídico, lo legal, porque sostiene "no se puede resistir eternamente". “Un campesino solo, no puede hacer nada contra este sistema productivo perverso, pero sí unidos. Fortaleciéndonos, acompañándonos mutuamente y siendo solidarios se hace un poco menos difícil”, concluyó.