Don 'Pancho' Chaile, el cacique que una comunidad reivindica

 Fotografía de Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita

Fotografía de Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita

En la imagen, Pancho. Francisco Solano Chaile, como figura en sus documentos. En esa imagen el cacique de la Comunidad India Quilmes rinde homenaje a la Pachamama. A su alrededor los miembros de la comunidad a quien representa lo acompañan. Hoy, don Pancho ha de estar pidiendo a la Pachamama y confiando en ella, como lo hacen sus hermanos de la comunidad. Es que este hombre, que dedicó su vida a la lucha por los derechos de su pueblo, se encuentra detenido desde el primer fin de semana de junio. Pero también hoy, como en la fotografía que acompaña esta nota, don Pancho no está solo. Su comunidad, los que lo conocen y saben de su vida dedicada a la defensa de los derechos de su pueblo, la comunidad que legal y legítimamente lo eligió y lo reivindica como cacique, exige su liberación.

“Nuestro cacique”, dicen una y otra vez. “Nuestro cacique”, y se muestran orgullosos al decirlo. “Nuestro cacique”, y la voz se les entrecorta y los ojos se ponen vidriosos pero no bajan la mirada. Once delegados de las 14 bases que conforman la Comunidad India Quilmes llegaron a la ciudad de San Miguel de Tucumán para hacer escuchar su reclamo, para reforzar su apoyo y para dejar claro que el único y legítimo cacique de esa comunidad es don Francisco Solano Chaile. Ya no piden, exigen la liberación de este hombre. Por eso marchan hasta la comisaría de Monteros y, al no obtener respuestas, deciden cortar la ruta provincial 307.

“Yo soy Viviana Gómez delegada de base de la Comunidad India Quilmes. Para mí esto es una injusticia tremenda”, dice esta mujer que conforma el Consejo de delegados y que llegó a la capital tucumana a exigir la liberación del cacique. Viviana conoce a Pancho y sabe de su espiritualidad, de su templanza. “Él es una persona que no se arrebata por nada. Él es amor y paz y nos tranquiliza a todos”, dice la delegada y sostiene que las acusaciones que pesan sobre Chaile son todas calumnias. Pero más allá de esas acusaciones, que con firmeza dice que son falsas, siente que ese hombre que nunca bajó los brazos puede estar afectado no solo emocionalmente. “Nos preocupa el estado de salud de él”, señala Viviana Gómez.

“Pancho es un hombre que ha peleado casi 30 años por su comunidad, por su gente. A la lucha durante 30 años le puso el hombro”, sostiene otro de los delegados y cuenta con un ejemplo a qué se refiere cuando habla de ‘poner el hombro’. “En momentos en que no había contactos de celulares ni nada, él se vino en muchas oportunidades caminando desde Quilmes para hacer un trámite que la comunidad necesitaba. Se venía caminando por esos caminos que apenas si eran transitados”, cuenta el hombre de voz potente y calma. Y quienes conocen el valle Calchaquí saben de las enormes distancias a las que se refiere el delegado. “Caminaba”, dice este hombre con admiración y orgullo. “Y por ahí alguien lo trasladaba en algún vehículo hasta Tafí, hasta las Mesadas, hasta Santa Lucía, a veces tardaba varios días en llegar a la ciudad. Sin un peso, comiendo de lo que la gente que lo conoce le compartía”, agrega y con esto completa lo que más que una anécdota es una muestra del compromiso de Francisco.

Al escuchar a los miembros de la Comunidad India Quilmes hablar de don Pancho no quedan dudas del cariño, del respeto y de por qué ese hombre es tan importante para ellos. Todos conocen su historia de compromiso y de entrega. Todos rescatan que desde su humildad y su calma acompaña y guía a la comunidad. “Pancho es un hombre que todavía hace ladrillos a pesar de sus años. Todavía pisa barro para sobarlo para poder hacer un…”, y la frase parece por un segundo que quedará inconclusa, pero en ese momento en que la voz de uno calla, los otros aúnan instantáneamente sus voces y completan la oración. “Un ladrillo”, dicen. Y no se puede dudar ante semejante realidad a la vez que metáfora que demuestra la unidad de estas personas; que evidencia el concepto de lo comunitario por sobre lo individual.

El 12 de junio de este año, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) reconoció oficialmente, en base a la documentación de la comunidad Quilmes y de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita en Tucumán, la legitimidad de don Francisco Solano Chaile como actual cacique de la Comunidad India Quilmes. Este documento deja claro que también para el Estado Argentino Chaile es el legítimo cacique y no Santiago Santos, quien así se autoproclamara . Pero más allá de este reconocimiento legal que se suma a otros tantos ya existentes, la Justicia parece desconocerlos. “Cuando empezamos por allá por el (año) 70, el 72, 73, no existían todas estas leyes que hablan del derecho indígena, entonces gran parte de nuestro trabajo ha sido esto, lograr estos instrumentos y que hoy nos encontramos con esta imposibilidad de aplicación”, lamenta Delfín Gerónimo, secretario de la Unión del Pueblo de la Nación Diaguita. “La Justicia tiene las leyes. Están, pero siguen sin aplicarse y sigue sin haber el reconocimiento que corresponde”, agrega.

Hoy la Ciudad Sagrada, que pertenece a la Comunidad India Quilmes, se encuentra usurpada. ¿Y por qué la Justicia no solamente no restituye la Ciudad Sagrada a la comunidad como corresponde sino que además detiene y persigue a los miembros de esa comunidad? Ninguno puede explicárselo fehacientemente, pero todos entienden que existe detrás una disputa política y económica. “Por el territorio”, sostienen. El valle Calchaquí se caracteriza por tener terreno fértil y adecuado para el cultivo de la vid. Las grandes extensiones de viñedos en manos de los empresarios avanzan cada vez más desde Cafayate. “Ahí estamos nosotros, en el medio y lamentablemente somos el estorbo para los que están codiciando ese territorio”, afirma Sergio Condorí, otro de los delegados que acompaña la comitiva. “Por otro lado está lo turístico que se suma a los emprendimientos de viñas”, amplía intentando dar cuenta de la complejidad de intereses que convergen en una detención que consideran arbitraria.

“Ellos pretenden dividirnos y pretenden hacer creer a la sociedad tucumana que la comunidad está fragmentada, que está destruida y que ya no existe el cacique Francisco Solano Chaile”, denuncia Condorí y con firmeza responde que esto no es así. Que la comunidad es una sola, que el cacique es uno solo y que ellos sostienen su legitimidad. “Santiago Santos se autoproclama cacique pero él es un títere de Héctor Armando Cruz”, apunta en relación al ex comunero que junto a un grupo de personas renunció oficialmente en 2008 a la comunidad. De un alto de papeles, uno de los presentes mientras se realiza esta entrevista, saca una hoja. El documento es una carta dirigida al presidente del INAI y está firmada, entre otras personas, por Santiago Santos. En ella se expresa claramente que los firmantes renuncian a la Comunidad India Quilmes. La carta, fechada el 19 de abril del año 2008, tiene el sello de recepción del INAI.

El entramado que existe en relación al empresario Héctor Cruz y al ex comunero Santiago Santos ha sido descripto en notas anteriores. El conflicto que ha llevado a que hoy don Francisco Chaile se encuentre detenido es tanto más complejo que una disputa interna, como se trató de simplificar a través de algunos medios provinciales. Más complicado que un simple hecho policial, como la Justicia intenta reducir, de acuerdo a lo que indican los comuneros. Pero este conflicto no difiere demasiado de las históricas luchas de los pueblos originarios que preceden a la conformación del Estado argentino. “Nuestros pueblos tienen una historia de cinco siglos de estas luchas y estos últimos 30 o 40 años es parte de todo eso. La vida de Pancho, la de muchos de nosotros ha sido y seguirá siendo esto tratar de sobreponerse y seguir buscando instrumentos legales para proteger nuestros derechos”, dice Delfín Gerónimo.

Delfín también se hace eco de la preocupación que comparten las once personas que representan a las  base de la comunidad. “Pancho en función de esta lucha por dejar de ser esclavos ha dejado muchos años de su vida, ha dejado gran parte de su salud y tenemos mucha preocupación por eso, por su estado de salud”, manifiesta el secretario. “Él está operado de un riñón, tiene un montón de problemas de salud y no puede estar ahí detenido en una cárcel común”, explica mientras todos los presentes asienten.

Al momento de esta entrevista, a los miembros del Consejo de Delegados les resta un día largo. Conversan sobre la necesidad de exigir el derecho a réplica ante una publicación que basada en fuentes ilegítimas difamó a su cacique. Marchar al día siguiente a la comisaría de Monteros para exigir la liberación de ese cacique. De no tener resultados, cortar la ruta de acceso a la zona de los valles para visibilizar sus exigencias. Exigir. Porque pedir lo hace quien busca un favor. Ellos exigen, porque después de años de lucha se han ganado el reconocimiento legal de sus derechos. Y cuando esos derechos, siempre legítimos y ahora legales, son avasallados, hay que salir y exigir. Pacífica pero firmemente, exigir.