De docentes y primeros años de escuela

 Fotografía de africa | FreeDigitalPhotos.net

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El primer día de escuela. Quien más, quien menos tiene una foto, mental o física, de ese momento. Después los recuerdos seguramente se irán haciendo difusos y se irán confundiendo con los de otros años. Pero ese primer día, ese primer año, aunque no quede en la memoria con nítidos recuerdos, sí queda en la experiencia de las personas y, como toda experiencia, va pincelando el carácter, el desempeño y las relaciones que más adelante se irán construyendo. No hay dudas de la importancia de esta etapa en la vida de los estudiantes. Padres, docentes y todo un aparato familiar e institucional se prepara para acompañar al niño que arranca su “educación formal”. Que el aprendizaje sea gradual pero seguro, que las vivencias sean lo menos traumáticas posibles, que la deserción no sea un común denominador, parecen ser algunos objetivos fundamentales, tácitos o explícitos, para el primer año (o los primeros años) de los niños que se insertan al sistema educativo.

Pero ¿qué ocurre con los docentes? No con el maestro de primer grado, sino con el docente en general, el que terminó de estudiar y debe insertarse en el sistema educativo. Claramente son personas adultas que de “primeros pasos” ya saben bastante y de insertarse en nuevos espacios, adaptarse a ellos, lidiar con los fracasos y seguir el camino, si aún no han aprendido, deberán hacerlo. Posiblemente es por estas razones, la de ser adultos y como tal tener la capacidad de resolver su propia inserción laboral, que parece innecesario pensar en un acompañamiento en este periodo de ‘primer año de clases’. Sin embargo, existen ciertas características en lo que respecta a esta profesión en particular que hace que en la actualidad cada vez más personas piensen que es importante acompañar a estos nuevos docentes, o docentes nóveles.

En primer lugar, un docente es quien forma a otras personas. Niños, adolescentes, jóvenes cuyo derecho a la educación, y a una educación de calidad, se ve vulnerado por varios factores. Uno de esos factores muchas veces tiene que ver con el desempeño de sus profesores o maestros. Ahí radica una de los aspectos por los que se hace necesario pensar en el ‘primer año de clases’ de los educadores. Otro de los aspectos es la deserción. Pero no la deserción escolar de los niños sino de los mismos maestros. “Ocurre que se da este fenómeno que algunos docentes se empiezan insertar y al poco tiempo deciden alejarse de la docencia y no regresar más, entonces los Estados han invertido en su formación y de repente se encuentran sin los recursos formados”, explica al respecto Silvina Nanni.

Silvina es miembro de la línea de “Acompañamiento a Docentes Nóveles” del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD). Una línea que empezó a trabajarse en Argentina en el año 2005 como un proyecto piloto. La experiencia, traída de Francia, llegó de la mano de Beatriz Salem y en el año 2007, con la constitución del INFOD pasó a ser una línea de desarrollo profesional y una política pública. La propuesta es que docentes con más experiencias que ya están insertos en el ámbito institucional puedan brindar su apoyo a los nuevos educadores.

Desde su experiencia y formación, Silvina explica otros aspectos que se suman a la compleja trama que hace más que necesario, imprescindible, pensar en el acompañamiento en esta primera etapa de la inserción de un docente a las instituciones educativas. Por un lado, afirma, las reformas educativas que se han dado en la mayoría de los países latinoamericanos tienden aumentar la obligatoriedad escolar, con lo que aparecen nuevos espacios educativos en todas las zonas y regiones. Esto se suma a una realidad que se vive en cualquier ámbito laboral, “las zonas de los inicios de la profesión docente son las zonas que otros docentes deciden abandonar”, explica Silvina Nanni. “Entonces los docentes que recién se inician se insertan en zonas de mayor vulnerabilidad social, mayor dificultades socioeducativas, mayor ‘repitencia’, mayor deserción”, enumera la profesora que deja claro que esos lugares suelen ser los más complejos para trabajar.

Esa dificultad sumada al hecho de que se trata de educadores que recién están empezando y que esta es su primera experiencia de inserción laboral y teniendo en cuenta el impacto y la importancia que tiene en la vida de los estudiantes el desempeño de sus maestros, va dejando ver y entender que no es una cuestión menor atender estos casos. Y esta línea del INFD apunta, de acuerdo a lo que explica Nanni, a fortalecer a ese docente en cantidad de estrategias para que puedan mejorar la calidad educativa en esas zonas donde tienen mayor riesgo y mayor vulnerabilidad. “La idea es que ese docente se sostenga en el sistema, que tenga más estrategias pedagógicas y esos niños puedan tener una educación de mayor calidad”, sostiene Silvina y agrega “lo que suele suceder es que a mayor inclusión la calidad se ve un poco deteriorada y esta política trata de mejorar la calidad y mejorar la inclusión”.

Mucho se puede decir desde la teoría o desde los casos hipotéticos respecto a si estas inciativas funcionan o no. La experiencia es la que demuestra cuán acertados o distantes se está de alcanzar los objetivos que se plantean. La experiencia la cuenta Gustavo Vasallo, coordinador del proyecto de Acompañamiento a Docentes Noveles en uno de los Institutos de Enseñanza Superior de San Luis. “El impacto positivo de esta política la demuestran los mismos docentes”, arranca Gustavo y luego detalla: “Cuando empiezan a participar de seminarios que los motivan, que los actualizan, que los ponen de pie frente a situaciones que no están acostumbrados a trabajar desde su primera inserción en la docencia, ahí se nota”. Es que la línea de Acompañamiento a Docentes Nóveles propone justamente que docentes con más experiencia acompañen en ese proceso de inserción laboral a los recién iniciados en esta tarea de educar.

Cada provincia, cada región, cada institución le da a este proyecto la impronta y las características desde sus propias necesidades y realidades. “Ellos generalmente vienen con muchísimos problemas, de todo tipo, entonces cuando vos los pones al lado de un par con más experiencia e intercambian sus propias experiencias y proponen soluciones a los diferentes problemas generalmente salen cuestiones muy positivas y se van cada vez más fortalecidos”.

Gustavo tiene varios años en este camino. Pertenece al equipo que empezó este trabajo casi desde sus inicios, en el año 2006, cuando todavía era un proyecto piloto. Pero Carina Jozami, una de las coordinadoras del programa en San Martín de los Andes donde, al igual que en Junín de los Andes, se implementa desde el año pasado, habla entusiasmada y llena de expectativas ante una iniciativa de la que, en sus propias palabras, se enamoró. “Es un programa que le permite a aquellos profesores que recién se inician sentir que esa integración a la vida institucional, a la nueva escuela en la cual están empezando a trabajar, no lo están haciendo en solitario sino que lo están haciendo acompañados de un equipo que les va brindando propuestas, estrategias ya sea pedagógicas o de abordaje institucional”, señala Carina en una catarata de palabras que dan cuenta de su entusiasmo.

Carina habla no solo de los docentes y la compañía que reciben de colegas sino también destaca el espacio de conducción dentro de las escuelas. “Al ser también acompañados por los directivos de la escuelas, además de por sus propios pares, les permite que toda esa carga de innovación que traen, de información, de nuevas ideas, puedan ir empezando de a poco dinamizar el aula en la cual ellos se están insertando; refrescando la dinámica cotidiana de las escuelas”, asegura mientras proyecta un trabajo que, ella manifiesta sentir, recién empieza.

Los desafíos en la educación son muchos y diversos. Pensar en la formación de los docentes siempre fue parte de esos desafíos. Pensar en la formación no solo profesional sino también humana de los docentes que recién empiezan a trabajar es, al menos para algunos, novedoso. Que estos cambios se puedan ver concretados no es solo cuestión de tiempo sino también de compromiso y, más allá de que sean o no políticas públicas, el compromiso y el cambio empiezan en esas acciones que pasan desapercibidas para muchos.