Carlos Fuentealba: reprimir hasta matar
/18 años pasaron desde que Carlos Fuentealba, el docente neuquino, fue asesinado durante una protesta en la Ruta Nacional 22. Era el año 2007 y el reclamo salarial que llevaba adelante el gremio docente se hacía sentir en varios puntos de la provincia. El gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch había ordenado desalojar a los manifestantes por la fuerza. “Había una cola muy grande. La conducción del gremio había pedido retirarse porque la policía estaba reprimiendo. En ese regreso se dieron varias situaciones en donde los efectivos embistieron contra los docentes que estaban volviendo”, relata en “El día que mataron a Fuentealba” (publicado por la Revista Cítrica) Leonardo Petricio, el fotógrafo que se encontraba cubriendo la protesta.
Fuentealba era, además de docente, militante.
Petricio relata que vio un auto Fiat 147 y gente acercándose. “Un revuelo bárbaro” dice que alcanzó a ver. Cuenta que sacó una foto a la distancia y observó que en la luneta había un agujero y humo. Corrió hacia el lugar entre los docentes desesperados, camiones hidrantes, combis de los grupos de choque de la policía y los efectivos policiales. “Al llegar veo a otros docentes desesperados, tratando de abrir el auto. El dirigente Gabriel Pillado con un palo rompe la luneta. Sale todo el humo del gas lacrimógeno y veo a una persona tirada adentro: era Carlos Fuentealba”, escribe el reportero gráfico.
En 2008 el policía José Darío Poblete, fue condenado por homicidio calificado a prisión perpetua. El hombre fue quien arrojó el cartucho de gas lacrimógeno que atravesó el vidrio del vehículo e impactó en la nuca de Fuentealba. Carlos fue trasladado al hospital provincial donde fue sometido a dos operaciones. Murió al día siguiente.
Dieciocho años después, en marzo de este año, la historia parece repetirse en las calles de Buenos Aires. Durante una manifestación de jubilados frente al Congreso Nacional, que exigían aumentos en sus pensiones y la restitución de medicamentos gratuitos eliminados por medidas de ajuste del gobierno de Javier Milei, las fuerzas de seguridad recurrieron nuevamente a una represión. En este contexto, el fotógrafo Pablo Grillo, de 35 años, resultó gravemente herido al recibir el impacto en la cabeza de un cartucho de gas lacrimógeno disparado por la Gendarmería. Grillo se encontraba documentando la protesta cuando fue alcanzado por el proyectil, que según testigos y registros audiovisuales, fue disparado de manera horizontal, en contravención de los protocolos establecidos.
Grillo es, además de fotoperiodista, militante y artista.
Pablo se recupera tras 20 días de internación. “Ya se maneja por sus propios medios, es asombrosa la evolución que está teniendo. Si sigue así pasará a sala y luego le deberían poner una prótesis en la cabeza”, declaró a la prensa Fabián Grillo, su padre.
A lo largo de estos 18 años hubo un tiempo en que parecía que por fin la represión no sería la primera salida. Pero desde fines de 2023 las políticas del Gobierno nacional no solo apelan al ajuste económico, sino también al disciplinamiento social a través de la mano dura y el uso de las fuerzas de seguridad. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, intentó justificar el accionar de los efectivos, arguyendo que Grillo era un militante kirchnerista y que la protesta constituía un "intento de golpe de Estado". Estas declaraciones fueron ampliamente cuestionadas, y la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) exigió una investigación exhaustiva y el esclarecimiento de los hechos.
El paralelismo entre ambos casos es ineludible. Tanto Fuentealba como Grillo fueron víctimas de acciones represivas mientras ejercían sus derechos constitucionales: el primero, como docente en una protesta gremial; el segundo, como periodista gráfico cubriendo una manifestación. Casi dos décadas pasaron entre un hecho y el otro. En el medio, las represiones volvieron a ser moneda corriente y se hace evidente que la disuasión no es más que una excusa. Las armas usadas en ambos casos son, en teoría, armas disuasivas disparadas al cuerpo con la evidente intención de lastimar.