Malvinas, la causa nacional
/foto: Salim Virji
“Tesoro, lindo tesoro. Son las Islas Malvinas, cobijadas por el cielo de la Antártida Argentina”, así comienza una canción que pertenece al Cuarteto Imperial, grupo de cumbia colombiana. Es de 1969, cuando muchos de quienes luego fueron combatientes en la Guerra de Malvinas no llegaban a la década de vida.
Así como ellos mucho antes del conflicto bélico pueden dar cuenta de la pertenencia del archipiélago a Argentina, hay poco más de un siglo de tensiones, enfrentamientos, resistencias, avances y retrocesos en el legítimo reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
Sin dudas la guerra marcó un antes y un después en este trayecto. Pero a pesar del fervor patriótico que despierta la gesta, los tiempos después del 14 de junio de 1982 fueron diferentes.
Alain Rouquié, politólogo francés, utilizó el término "desmalvinización" en 1983, refiriéndose a la necesidad de eliminar la influencia de los militares en la vida argentina. Decía: "Quienes no quieren que los militares vuelvan al poder tienen que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina. Esto es muy importante: desmalvinizar; porque para los militares, las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y un día, de rehabilitarse”
En distintos ámbitos de la vida política y democrática de Argentina, esta idea caló hondo. Y en consecuencia, han circulado discursos alrededor de Malvinas que no hacen honor a toda la historia que cargan las islas, y específicamente sobre la guerra y quienes participaron con el cuerpo y alguna ilusión en ella. Por ejemplo, el concepto de “pibes de la Guerra” aplicado a los Veteranos que participaron del conflicto ha deslegitimado sus experiencias y aportes a la construcción de la historia malvinera. La idea de que iban “sin equipamiento ni preparación adecuada” opaca la actuación de los soldados argentinos que pusieron en jaque, en varias oportunidades durante poco más de dos meses, al ejército inglés.
A su vez, poco se profundizó en historias que se han conocido recién en los últimos años, como el de la participación de mujeres y pueblos indígenas en el frente de batalla. La desmalvinización, en palabras de Veteranos de Guerra en diversos ámbitos, no fue otra cosa para ellos que «olvido». El silenciamiento y ocultamiento no sólo impactó en los imaginarios sociales, sino a nivel personal de muchos veteranos.
Sobre esto último, Tahiana Marrone, veterana de Malvinas y parte de la comunidad intersex, en una entrevista para la Agencia Paco Urondo cuenta: “Alfonsín nos negó, nos olvidó, nos consideró unos parias, hizo que la gente también nos olvidara, hizo que ni nosotros ni la gente pudieran hablar de la gesta de Malvinas, era mala palabra en esa época”. Tahiana recuerda que cuando con sus compañeros armaron la conocida “carpa verde”, buscando ayuda y reconocimiento por parte del Estado, los llamaban “los loquitos de Malvinas” y no los soldados de una guerra. Recién a mediados de la década de 1990 lograron algunas conquistas y agrega “con el paso del tiempo fuimos cada vez más reconocidos y vistos de otra forma por la sociedad”.
En un nuevo 2 de abril, la discusión por la soberanía de las Islas no solo representa un desafío geopolítico, sino que también es un llamado a reconocer y valorar la historia de aquellos que, con valentía y sacrificio, las defendieron. Honrar a los héroes y a todas las luchas que han forjado el presente es un deber que trasciende el tiempo. La Causa Malvinas es, en esencia, una causa justa, de memoria y dignidad.