Aunque no haya, trabajo

 Fotografía de Ignacio López Isasmendi

Fotografía de Ignacio López Isasmendi

Cuando, al menos por un momento, una porción mayoritaria de la población argentina dijo basta y decidió en 2001, sin mucha consciencia o planificación, dar un paso hacia el destierro del modelo neoliberal ya era bastante tarde para muchos. Algunos pudieron recuperarse durante los últimos años, otros todavía no logran hacerlo.

Desde 1966 y especialmente a partir del golpe militar del 76 se instaló en nuestro país un modelo económico que priorizaba la exportación de materias primas, la importación de manufacturas y la concentración económica. La división internacional del trabajo derivada del Consenso de Washington, exigía a los países sudamericanos que se habían industrializado a mediados del S.XX, es decir, a los países “en vías de desarrollo”, la extranjerización de sus economías y la apertura de las fronteras económicas para que los países centrales pudieran colocar sus producciones con mayores ventajas. El modelo, que se profundizaría en la década del 90 con el peronismo menemista en el poder, desmembró el Estado de Bienestar que se había construido en Argentina a partir de 1945. Con su progresiva desintegración, los sectores trabajadores fueron perdiendo progresivamente beneficios sociales básicos, especialmente el acceso a un trabajo estable y bien remunerado. Como consecuencia de esto, y como parte del modelo de privatizaciones, perdieron también la educación, la salud y la vivienda de calidad.

El cambio de modelos keynesianos a modelos basados en la especulación financiera socavó la estructura laboral argentina. Generación tras generación fueron quedando afuera del sistema sectores cada vez más amplios. Durante casi 50 años (1955-2002) la estructura económica argentina se fue adaptando a los intereses de los países centrales. Siguiendo las indicaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, Argentina fue mutando desde un modelo de sustitución de importaciones, soberanía alimenticia y energética y pleno empleo a un modelo aggiornado, 'inserto' en el mundo.

El derrotero económico desde el 66 hasta principios del siglo XXI configuró una situación de desempleo estructural (desempleo que no depende de los ciclos económicos sino que es permanente) para un importante porción de la población. Estos individuos, a pesar de la recuperación económica, no fueron absorbidos por el mercado laboral – que por otra parte mantiene hoy una gran parte de los trabajadores en negro, cerca del 30% (1), mientras que sostiene, además, importantes aspectos de flexibilización heredados del modelo anterior – y según algunas  estimaciones rondan el 8% de la población económicamente activa.

Luego del estallido social, y agotado el modelo neoliberal como forma de acumulación para una parte importante de las clases  dominantes, el fin de la convertibilidad dio paso a un modelo neodesarrollista que impulsó la utilización de la capacidad ociosa productiva, dando lugar a la recuperación de una parte importante del empleo y principalmente de la capacidad de consumo de los sectores medio y medio bajo. Un modelo más cercano al keynesianismo pero sin una planificación centralizada que permitiera alcanzar los niveles de inversión necesarios como para lograr el pleno empleo.

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El Movimiento Barrios de Pie se formó en los grandes centros urbanos del país al calor de las luchas sociales de 2001-2002, en Tucumán, una de las provincias más castigadas por el proceso de desarticulación económica. La organización social se asentó en los barrios populares de la capital y en algunas localidades del interior de la provincia. Gastón Gómez, actual coordinador provincial del movimiento social, cuenta cómo comenzaron a organizarse: “Muchos de los que nos organizamos a partir del 2001 en centros barriales comunitarios veníamos militando contra el modelo neoliberal que venía generando cada vez más exclusión, particularmente desde las privatizaciones de los 90, así vimos cómo se producían varios estallidos sociales como el Santiagazo en 1993, las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul en el 96, etcétera. Pero hacia finales de la década vimos que la lucha cambiaba de objetivo, el modelo se iba agotando y el resultado eran millones de argentinos sin trabajo, sin educación, sin salud y sin alimentos.  En ese marco el rechazo al modelo era generalizado, hacia 2001 ya  no había que explicarle a la gente por qué estábamos como estábamos, sino que había que organizarse para alimentar a los niños, para mandarlos a la escuela, para solucionar el quehacer cotidiano. La solidaridad fue el eje fundamental que unió a los sectores medios golpeados por la crisis y a quienes el modelo había empujado a la desesperación. Así comenzamos a formar los primeros centros comunitarios que tenían por objetivo contener a los más necesitados y organizarlos para que el Estado tomara en sus manos la responsabilidad de asegurar a los que más humildes lo necesario para sustentarse”.

En el pico de la crisis el 28% de los tucumanos estaban desempleados y el 25% de la población vivía con necesidades básicas insatisfechas, un indicador que describe una situación de indigencia estructural (se diferencia de la indigencia coyuntural que depende del nivel de ingresos y que es más fluctuante). Tras la caída del gobierno de De la Rúa, y como forma de contener la conflictividad social, se crearon distintos programas de asistencia social que multuiplicaron exponencialmente la asistencia del Estado pero, con una lógica clientelar, la ayuda era insuficiente y estaba mediada por punteros y agentes del gobierno de turno, lo que minimizaba el impacto en los barrios vulnerables. En 1999 Tucumán tenía 6.290 beneficiarios de programas de empleo, en 2003 la cifra era 103.815 (2) pero la distribución discrecional llevaba a las organizaciones sociales a buscar formas de presión sobre los gobiernos para que quienes lo necesitaban recibieran los programas.

“Una vez que el Estado comprendió que la desocupación, la pobreza y la indigencia no sólo eran parte de su responsabilidad histórica sino también institucional, la lucha de las organizaciones populares pasó a tener como principal objetivo la búsqueda de trabajo genuino para nuestros compañeros y compañeras, y así fuimos atravesando diversas experiencias que generalmente se vieron entorpecidas por el accionar clientelar de quienes manejan estos programas”, relata Gómez.

Hoy luego de arduas luchas, Barrios de Pie administra 7 cooperativas de trabajo en las que trabajan alrededor de 150 familias. Divididas en cuatro rubros (panadería y pastelería, textiles, bloqueras y carpintería) los trabajadores se organizan para producir y vender sus producciones.

Myriam Acosta preside la cooperativa “Caminando de Pie”, un microemprendimiento de panadería y pastelería ubicado en barrio Victoria y en la que trabajan más de 20 mujeres. “Hace 10 años que trabajamos en nuestro centro comunitario, los chicos aquí vienen a tomar la merienda y a realizar sus tareas escolares con la ayuda de compañeros y compañeras que los asisten. Desde hace unos meses, gracias a la organización y la lucha de cientos de compañeros, conseguimos poner en pie nuestra cooperativa e incorporar a una parte de quienes trabajan con nosotros en el barrio. En ella trabajan mujeres amas de casa, muy luchadoras, que vienen a realizar pastafrolas, bizcochuelos, pizzas, bollos, etcétera, para vender en el barrio y para el merendero. Esto les permite llevar una ayuda a sus hogares, un ingreso más que ellas tienen en medio de esta situación económica que es bastante mala, por lo menos para nosotros. Las compañeras acá tienen un lugar donde encontrarse y realizar un camino juntas, han aprendido no sólo lo que tiene que ver con la producción de panadería sino principalmente a organizarse para salir adelante”.

Por su parte, Gastón Gómez refiere a las complejidades que tienen las organizaciones sociales para manejarse ante las instituciones del Estado. “Nos costó mucho esfuerzo, mucha pelea  conseguir estas cooperativas ya que este gobierno dio a los programas de empleo, que a veces tienen una lógica acertada, un uso clientelar para alimentar un aparato electoral que sostiene su poder político. De hecho Barrios de Pie fue excluido por las autoridades provinciales del programa de cooperativas Argentina Trabaja, un programa que prometía reinsertar a miles de tucumanos en el mercado laboral a partir de la creación de centros de trabajo cooperativo. Es por eso que, lamentablemente, este programa no logró impactar sobre el problema del desempleo estructural, además de quedar desvirtuado por las gravísimas denuncias de corrupción que pesan sobre funcionarios y legisladores del oficialismo, lo que, además, termina deslegitimando este tipo de iniciativas frente a los ciudadanos que tienen trabajo, generando un malestar social que enfrenta a los sectores medios con los trabajadores desocupados”.

Según el INDEC durante 2014 el desempleo creció a nivel nacional, en la provincia aumentó dos puntos porcentuales y afecta al 5,5% de la población activa, sumado a esto el 42% trabajadores no están registrados (3) lo que claramente es parte de la inestabilidad laboral, que es una de las mayores deudas que dejó el crecimiento económico de esta década. Sin embargo, la organización popular sigue siendo una forma importante para palear a la exclusión y, especialmente, a la corrupción que imprime una lógica perversa a políticas que podrían brindar soluciones.

“Cuando uno ve a las compañeras, que hasta hace poco no tenían cómo sustentar sus hogares, produciendo y que esa producción no sólo se introduce en el vecindario sino que además les permite brindar ayuda a los niños que asisten a los merenderos, sea en forma de bancos y mesas para realizar sus tareas escolares, sea en forma de alimentos que acompañan sus meriendas, ve que el resultado del proceso de organización, participación, solidaridad y lucha brinda a cientos de familias las herramientas para salir adelante en el marco de un país y una provincia que durante más de diez años creció pero siguió dejándolos al margen. Nuestro objetivo es y seguirá siendo la obtención de trabajo genuino que es la única manera de brindarles dignidad a nuestras familias”, finaliza el dirigente social.

Fuentes:

1: Empleo no registrado (pag. 283) http://www.trabajo.gov.ar/left/estadisticas/descargas/revistaDeTrabajo/2012n10_revistaDeTrabajo/2012n10_a15_Bolet%C3%ADndeEstad%C3%ADsticas(BEL).pdf

2: Programas Sociales 1999-2003 http://estadistica.tucuman.gov.ar/pagina_anuario/sociales_trabajo06.htm

3: Necesidades Básicas Insatisfechas  2001:  http://estadistica.tucuman.gov.ar/pagina_anuario/sociales_demografia22.htm

Otras estadísticas (Pobreza, Desocupación, Índice de GINI):  http://cedlas.econo.unlp.edu.ar/esp/pantalla.php?seccion=estudios_especiales&idP=88

http://www.diariomardeajo.com.ar/analisisdelapobrezaenargentinacristianarroyo.htmb