El cierre del conflicto por "El Sapito" deja sabor a poco

Después de una década, con las firmas de vecinos del barrio Vía Diagonal Norte, la empresa PACC SAS y la Municipalidad de Yerba Buena, concluyó el conflicto territorial por "El Sapito". Pese a que el acuerdo destraba la disputa entre las partes, deja un gusto amargo en la comunidad, ya que ignora la problemática estructural que originó la lucha del barrio por ese espacio.

Durante más de cincuenta años, ese predio funcionó como cancha de fútbol, espacio recreativo y punto de organización comunitaria para los barrios de ese sector popular de Yerba Buena. Este uso social se mantuvo a la par del proceso de pérdida progresiva de espacios verdes en la “Ciudad Jardín”, donde el crecimiento inmobiliario privado avanzó mucho más rápido que la planificación urbana y la generación de espacios de uso público.

La arquitecta e investigadora Paula Boldrini ya señalaba en 2023 que “toda nuestra provincia, y en particular el área metropolitana, carece de una planificación con la amplitud y la profundidad que debiera tener”.

Boldrini destacaba avances estatales, como el establecimiento de normativas para detener el crecimiento urbano hacia la sierra; sin embargo, advertía que esto no había detenido el uso del espacio que ya estaba totalmente urbanizado. Según la investigadora, tampoco se logró frenar el proceso de densificación ni la privatización de espacios públicos que, cedidos inicialmente bajo la figura de comodato, terminaron quedando en manos privadas.

En ese mismo análisis, el caso de El Sapito aparecía como un ejemplo paradigmático de cómo una comunidad queda encerrada entre muros mientras los sectores con mayor poder adquisitivo concentran grandes extensiones de tierra y verde y, a diferencia de los sectores populares, cuentan con recursos para acceder a espacios deportivos privados.

El agravante

En febrero de 2015, inició la construcción de “Las Higueritas Barrio Boutique” en el predio en disputa. Tras fuertes lluvias, las viviendas de la Vía se inundaron. El agua quedó estancada debido al encierro generado por el paredón de este nuevo emprendimiento inmobiliario en la parte trasera de las casas de la Vía y el muro del country La Pedrera, ubicado frente a las mismas. Ante esta situación, los vecinos tomaron la decisión de generar huecos en la pared trasera para drenar el agua de sus casas, lo que llevó a los propietarios a denunciar penalmente el hecho.

El Sapito no era únicamente “un terreno”: cumplía una función social que el municipio de Yerba Buena reconoció al declararlo de “utilidad pública y sujeto a expropiación” a través de la Ordenanza N° 2083. Sin embargo, el gobierno no avanzó con la expropiación ni ofreció una solución alternativa.

En ese contexto, la resistencia vecinal logró frenar durante años el avance del proyecto inmobiliario y arrancar algunas concesiones importantes. Pero también dejó expuesta la forma en que comunidades organizadas se ven obligadas a negociar desde una posición de debilidad frente al poder económico y político.

Por eso, para entender el conflicto, no se puede reducir el mismo a una discusión judicial o inmobiliaria. Lo que estuvo en juego durante todos estos años fue el acceso al espacio común en una ciudad cada vez más fragmentada por muros de barrios privados y megaemprendimientos inmobiliarios o comerciales exclusivos.

¿Qué tiene de nuevo un acuerdo con las condiciones impuestas por el privado hace diez años? 

El acuerdo establece una porción pequeña del terreno destinada a una plaza o una reducida cancha de fútbol 5, desistir de las denuncias contra vecinos y ceder cuatro metros a familias lindantes. Este mismo acuerdo había sido ofrecido hace diez años por los propietarios del terreno en pos de negociar con las familias de la Vía. En aquel entonces, los vecinos lo rechazaron por no cubrir las necesidades para el desarrollo y bienestar de la comunidad.

Además, el municipio promete facilitar un espacio para entrenamientos y avanzar con la regularización dominial del barrio, algo que ya había prometido la gestión del entonces intendente Mariano Campero. Pero el núcleo del conflicto permanece intacto: el barrio perdió definitivamente un espacio comunitario de más de dos hectáreas que históricamente utilizó y sostuvo colectivamente. Mientras tanto, el emprendimiento inmobiliario privado podrá avanzar sin obstáculos.

Cabe preguntarse si es posible hablar de negociación, teniendo en cuenta las condiciones bajo las cuales negocian los sectores populares en una ciudad profundamente desigual. Porque cuando una comunidad debe conformarse con conservar apenas una parte mínima de lo que utilizó históricamente, mientras el negocio inmobiliario sigue su curso, la discusión deja de ser un “acuerdo entre partes” y pasa a reflejar una relación desigual de poder.

Yerba Buena arrastra desde hace años este modelo de ciudad, el cual no solo modifica el paisaje, sino que también redefine quién tiene derecho a disfrutar la ciudad y quién queda relegado a vivir entre paredes, sin plazas, clubes ni lugares de encuentro.

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